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Desde su hogar en Chuquis, localidad natal de Pedro Ignacio de Castro Barros, Ortiz explicó que esta costumbre tiene raíces ancestrales que anteceden al cristianismo y están vinculadas con la observación de los ciclos de la naturaleza y el cambio de estaciones.
“Hace miles de años el hombre comenzó a comprender que el año se dividía en grandes períodos marcados por el invierno y el verano. En ese contexto surgió la necesidad de invocar el regreso del sol, de la luz y del calor, y así nacieron las primeras fogatas”, relató.
Según explicó, la tradición estaba asociada al momento en que las familias limpiaban sus terrenos y preparaban la tierra para las futuras siembras. Los restos de ramas y malezas eran quemados en una gran fogata comunitaria que, además de brindar calor, se convertía en un espacio de encuentro y celebración.
“Lo importante no era solamente el fuego. Era la posibilidad de reunirse con amigos, compartir comida, conversar y celebrar la amistad”, señaló.
Ortiz indicó que originalmente esta celebración se realizaba alrededor del 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno en el hemisferio sur. Con la expansión del cristianismo, la fecha fue asociada al nacimiento de San Juan Bautista y trasladada al 24 de junio, día en que actualmente se conmemora la festividad.
“El número del calendario no era lo más importante. Lo fundamental era el significado que tenía para las comunidades”, explicó.
El historiador reconoció que la costumbre fue perdiendo fuerza con el paso del tiempo debido a los cambios en las formas de vida y en las actividades productivas.
“Antes la gente sembraba, preparaba la tierra y vivía más vinculada a esos ciclos. Hoy muchas de esas prácticas desaparecieron y eso también hizo que se perdiera parte del sentido de la celebración”, sostuvo.
Sin embargo, destacó que desde hace aproximadamente una década impulsa nuevamente la realización de la Fogata de San Juan en Chuquis con el objetivo de mantener viva la tradición y transmitir su significado a las nuevas generaciones.
Ortiz invitó a vecinos y visitantes a participar de la celebración y remarcó que el espíritu de la jornada no pasa únicamente por encender una fogata, sino por compartir un momento de encuentro comunitario.
“Cada persona puede aportar un pequeño manojo de yuyos para el fuego y algo para compartir, una tortilla, una empanada, una torta o una gaseosa. Lo importante es celebrar la amistad y encontrarnos con los demás”, expresó.
Finalmente, agradeció el interés por difundir este tipo de manifestaciones culturales y destacó la importancia de preservar las tradiciones populares como parte de la identidad riojana.
“La fogata tiene sentido cuando nos reúne, cuando nos permite compartir y recordar cómo las comunidades fueron construyendo su vida a lo largo del tiempo”, concluyó.
Columna deportiva de Luca Viano
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