Columna semanal de la Lic. Inés Gomez.

“El amor no tiene edad.

Pero el poder sí.”

Decimos que es solo un número.
Que lo importante es lo que se siente.
Que mientras sean adultos, nadie tiene derecho a opinar.

Y sin embargo… opinamos.

Opinamos cuando una chica de 22 se enamora de alguien de 48.
Opinamos cuando una mujer de 50 sale con un chico de 27.
Opinamos distinto según quién sea mayor.

Porque no incomodan los años.
Incomoda lo que los años representan.

No es lo mismo estar construyéndote
que ya estar construido.

No es lo mismo admirar
que sostener.

No es lo mismo descubrir el mundo
que enseñarlo.

Y hay algo que no siempre queremos mirar.
Cuando la diferencia es grande, casi siempre uno llega con ventaja.

Ventaja emocional.
Ventaja económica.
Ventaja de experiencia.
Ventaja de discurso.

Y la ventaja, aunque suene feo, cambia la dinámica.

Hay chicas que dicen:
“Me gustan mayores porque son más maduros.”

Y puede ser cierto.

Pero también puede ser que todavía no vean lo que una mujer de su edad sí vería.

Hay hombres que dicen:
“Las jóvenes son más simples, menos complicadas.”

Y tal vez no es que sean más simples.
Tal vez todavía no aprendieron a exigir.

Y ahora vamos al otro lado.

Mujeres que eligen hombres mucho más jóvenes.
Libres. Empoderadas. Sin culpa.

Pero también humanas.

Porque a veces no es solo deseo.
A veces es espejo.
Es validación.
Es la sensación de seguir siendo elegida.

No todo vínculo con diferencia de edad es desigual.
No toda historia es oscura.
Existen amores reales, profundos, duraderos.

Pero tampoco todo es inocente.

Porque cuando uno ya vivió todo
y el otro recién empieza,
la pregunta no es si se aman.

La pregunta es si están parados en el mismo lugar.

Si pueden discutir de igual a igual.
Si pueden irse de igual a igual.
Si pueden decir que no sin miedo.

La diferencia de edad no es pecado.
No es delito en sí misma.

Pero tampoco es neutral.

A veces es experiencia compartida.
Y a veces es desequilibrio disfrazado de romanticismo.

Y lo incómodo no es que exista.
Lo incómodo es que muchas veces nadie quiere preguntarse por qué siempre elige lo mismo.

Porque el amor puede no tener edad.

Pero cuando necesita que uno sea más chico, más impresionable o más vulnerable para sostenerse…

algo ahí no es tan romántico como parece.

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