Preocupación pyme: empresarios advierten por la caída del consumo y reclaman medidas urgentes al Congreso
...
Columna semanal de la Lic. Inés Gomez.
"Algunos no vinieron a quedarse.
Vinieron a enseñarte hasta dónde podías amar."
Existen.
Son una metáfora, sí.
Pero también son personas con nombre. Con voz. Con recuerdos que todavía tienen olor.
Son de esos que no se quedaron… pero que tampoco se fueron.
Los que aparecen cuando estás bien.
Cuando te estás riendo.
Cuando alguien te pregunta “¿en qué pensás?”
Y vos decís “en nada”.
Mentira.
Estás pensando en ese amor que no pudiste sostener.
O que no te sostuvo.
O que se rompió por algo tan estúpido que todavía te da rabia.
Porque no fue una traición épica.
No fue una novela.
Fue un malentendido.
Un orgullo mal puesto.
Un mensaje que no respondió.
Una conversación que nunca se dio.
Un café que jamás aceptó.
Y a veces lo más cruel no es lo que pasó.
Es lo que casi pasa.
Las palabras que se dijeron cuando todavía parecía que algo podía salvarse.
Los “intentémoslo”.
Los “no sé qué nos está pasando”.
Las promesas dichas con la voz quebrada.
Y también las cosas que hicimos por desesperación para salvar lo que ya estaba perdido.
Rogamos.
Callamos lo que nos dolía.
Nos hicimos los fuertes.
Nos hicimos los indiferentes.
Jugamos a que no importaba.
Y sí importaba. Importaba todo.
Hay abrazos que fueron exactamente lo que necesitábamos en ese momento.
Ese abrazo justo.
Ese “acá quiero quedarme”.
Ese segundo en el que el mundo se ordenó.
Y después la vida siguió.
O fingió seguir.
Y un día, como quien mete el dedo en la herida para ver si todavía duele, vas a Facebook.
Lo buscás.
Decís que es curiosidad.
Mentira.
Y ahí está.
Con familia.
Con hijos.
Viviendo en otro país.
O viviendo más cerca de lo que imaginabas.
Sonriendo en fotos de cumpleaños.
Abrazando una vida que no fue la tuya.
Y duele.
Duele verlo construyendo todo eso.
Duele saber que la historia siguió… pero sin vos.
Duele imaginar que esa casa, esa mesa, esas vacaciones eran parte del sueño que alguna vez dibujaste.
Y lo más incómodo es que, si lo amaste de verdad, también hay algo que se alegra.
Porque verlo feliz confirma que no te equivocaste al sentir.
Que fue amor.
Aunque no haya sido para siempre.
Hay recuerdos que regresan sin permiso.
Cuando llueve.
Cuando cambia la estación.
Cuando una canción te desarma sin aviso.
Y ahí estás otra vez.
Volviendo por un instante.
No para quedarte.
Solo para sentirlo.
Porque no importa cuándo te los vuelvas a cruzar.
Si fue amor, algo te va a mover.
Dieciocho años después.
Doce años después.
Un martes cualquiera saliendo de un café.
Lo ves pasar con su pareja, con su familia, o solo.
Y en ese segundo el cuerpo recuerda antes que la cabeza.
El abrazo justo.
La sensación de refugio.
Ese “acá quiero quedarme” que alguna vez fue verdad.
No importa cuánto tiempo pase.
Si fue amor, siempre algo va a temblar.
Y quizás eso es lo más cruel de todo:
que algunos amores no vinieron a quedarse.
Vinieron a enseñarte hasta dónde podías amar.
Y después se fueron.
Pero lo que te hicieron sentir…
eso, eso no se fue nunca.
¿Y vos?
¿Te volviste a cruzar con algún amor imposible?
¿Lo buscaste alguna vez en redes?
¿Lo extrañás?
¿Cuando llueve o cambia la estación se te viene su nombre a la cabeza?