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Uno de los principales interrogantes estuvo relacionado con qué hacer ante una suba de la presión arterial. Al respecto, Danon explicó que la conducta depende de los valores registrados y de la situación particular de cada persona.
“Ante la suba de presión, lo más importante va a ser primero acudir al médico de cabecera o a alguna guardia, dependiendo de la presión que maneje”, señaló el especialista.
El cardiólogo explicó que una elevación de la presión puede estar relacionada con diferentes factores, entre ellos situaciones de estrés, determinados alimentos, cambios en el clima, falta de descanso o la presencia de hipertensión crónica.
Según detalló, los valores considerados normales llegan hasta 130 mmHg de presión sistólica y 80 mmHg de presión diastólica. “Por encima de eso, en estado de reposo, ya estamos hablando de un grado de hipertensión”, explicó.
Danon remarcó que, de acuerdo con el nivel de hipertensión, puede ser necesario realizar una consulta médica, concurrir a una guardia o, en situaciones más severas, recibir atención hospitalaria. Posteriormente, los profesionales deberán determinar si la persona requiere un tratamiento permanente.
Respecto de la frecuencia con la que una persona debería consultar a un cardiólogo, Danon recomendó realizar un control anual durante la edad adulta, incluso cuando no existan síntomas.
Sin embargo, aclaró que la periodicidad debe adaptarse a las condiciones particulares de cada paciente. “De acuerdo a las patologías que tengan o factores de riesgo, ya sean familiares o adquiridos, cada seis meses deberían tener un control; y en enfermedades más graves, cada tres o cada un mes, depende de la enfermedad”, explicó.
El especialista también destacó que la consulta cardiológica no debe limitarse al tratamiento de una enfermedad, sino que constituye una oportunidad para trabajar sobre la prevención.
“Fundamentalmente, el tema es todas las medidas preventivas, de forma de no llegar a una situación extrema en la cual uno quede potencialmente disminuido”, sostuvo.
Danon puso especial énfasis en la necesidad de modificar aquellos hábitos que pueden incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Entre los principales factores de riesgo mencionó el consumo de tabaco y recomendó el abandono del cigarrillo. “Uno de los factores de riesgo más importantes es el tabaco. En el caso de los pacientes que consumen, debería ser el cese tabáquico: dejar directamente de fumar”, afirmó.
También señaló al sedentarismo como otro de los factores que deben ser combatidos mediante la incorporación de actividad física.
“Lo más importante es evitar el sedentarismo y esto se hace con la actividad física”, explicó. En ese sentido, aclaró que el ejercicio debe adecuarse a las condiciones y limitaciones de cada persona.
Finalmente, el cardiólogo resaltó que la prevención cardiovascular no depende exclusivamente de las consultas médicas, sino también de las decisiones cotidianas.
“La prevención cardiovascular, que es lo más importante, no solo se necesita con los controles periódicos con un médico clínico o un cardiólogo, sino que también son importantes los cambios de hábitos que uno puede tener”, manifestó.
A la actividad física y al abandono del tabaquismo se sumó la necesidad de mantener hábitos alimentarios saludables. Según explicó, la combinación de estas medidas permite reducir los factores de riesgo y disminuir las posibilidades de sufrir eventos cardiovasculares.
En el Día Mundial del Corazón, el mensaje del especialista apunta así a reforzar la importancia de la prevención, los controles periódicos y la incorporación de hábitos saludables como herramientas fundamentales para cuidar la salud cardiovascular a lo largo de la vida.