Refuerzan las campañas de vacunación, castración y desparasitación gratuitas en Capital
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Columna semanal de la Lic. Inés Gomez.
“Las primeras veces no siempre son lindas.
Pero nunca se olvidan.”
Dicen que el cuerpo habla.
Pero nadie te explica qué hacer cuando habla en un idioma que no entendés.
Cuando tiembla. Cuando duda. Cuando quiere… pero también tiene miedo.
Porque las primeras veces no son como te las contaron.
No son prolijas. No son seguras. No son perfectas.
Son torpes.
Son un intento.
Un cuerpo buscando a otro sin saber bien cómo.
Y en el medio… el silencio.
Porque sí, el cuerpo habla.
Pero se vuelve difícil cuando lo único que queremos es que se calle un rato.
Que no tiemble.
Que no dude.
Que no nos deje en evidencia.
Las primeras veces tienen eso.
Te enfrentan.
Te dejan sin personaje.
Sin experiencia. Sin respuestas. Sin control.
Y ahí aparece algo incómodo:
La inseguridad.
¿Lo estoy haciendo bien?
¿Esto es normal?
¿Le estará gustando?
¿Yo debería sentir otra cosa?
Nadie te lo dice, pero muchas primeras veces están llenas de preguntas… y casi ninguna respuesta.
Y aun así…
Nos marcan.
Porque no se trata solo de lo que pasó.
Se trata de cómo te sentiste.
De quién eras en ese momento.
De lo que creíste que tenía que ser.
De lo que fue… y de lo que no fue.
Las primeras veces tienen algo que después se pierde:
El riesgo.
El no saber.
La vulnerabilidad total.
Ese momento donde todavía no aprendiste a actuar.
Donde todavía no sabés esconderte.
Por eso duelen.
Por eso incomodan.
Y por eso quedan.
Porque ahí no hay experiencia que te salve.
Sos vos.
Crudo.
Real.
Expuesto.
Y quizás por eso…
Las primeras veces son el único momento donde el amor, el deseo o lo que sea que haya sido…
No puede fingirse del todo.
Porque todavía no aprendiste cómo.
Las primeras veces son eso:
El lujo de equivocarse.
El problema es que después…
nos volvemos expertos en no sentir.
Nos volvemos correctos.
Previsibles. Cuidados.
Y dejamos de temblar.
De arriesgar. De preguntarnos cosas.
De incomodarnos.
Y entonces ya no hay primeras veces.
Solo repeticiones.
La pregunta incómoda no es cómo fue tu primera vez.
Es otra.
¿Hace cuánto no vivís algo como si fuera la primera?