Columna semanal de la Lic. Inés Gomez.

“Si el amor nunca te incomodó, probablemente nunca te dijo la verdad."

Nos vendieron una idea muy prolija del amor.

Una historia limpia.
Ordenada.
Sin grietas.

Un amor donde todo fluye.
Donde nadie levanta la voz.
Donde nadie se va a dormir enojado.

Un amor cómodo.

El problema es que muchas veces eso no es amor.

Es miedo a incomodarse.

Porque el amor de verdad incomoda.

Incomoda porque te muestra partes tuyas que preferirías no ver.

Tu ego.
Tu miedo a perder.
Tu necesidad de tener razón.
Tu costumbre de irte cuando alguien se acerca demasiado.

El amor verdadero no siempre te aplaude.

A veces te enfrenta.

Te enfrenta con tu historia.
Con tus inseguridades.
Con esas heridas que juraste que ya estaban cerradas.

Y ahí empieza lo difícil.

Porque amar a alguien también significa que alguien te vea de verdad.

Sin el personaje.
Sin el discurso.
Sin la versión prolija que mostrás al mundo.

Y eso incomoda.

Por eso muchas relaciones duran.

No porque estén bien.

Sino porque son cómodas.

Dos personas que aprendieron exactamente qué no decir.
Qué no preguntar.
Qué no tocar.

Relaciones donde nadie levanta demasiado la alfombra.

Donde nadie dice lo que realmente piensa.

Donde nadie arriesga demasiado.

Porque decir la verdad incomoda.

Y crecer incomoda.

Y mirarse de verdad incomoda todavía más.

Entonces elegimos la paz.

Pero a veces esa paz es apenas una tregua silenciosa entre dos personas que ya dejaron de desafiarse hace años.

Sin peleas grandes.
Sin preguntas profundas.
Sin verdades incómodas.

Pero también…

Sin demasiado amor.

Porque el amor que no te incomoda, muchas veces tampoco te transforma.

Y el amor que no te transforma termina pareciéndose bastante a una costumbre.

A una rutina.

A dos personas que se acompañan…
pero ya no se mueven.

El amor real a veces duele.

No porque sea tóxico.

Sino porque te obliga a mirarte sin excusas.

A preguntarte cosas que preferirías no preguntarte.

¿Por qué huyo cuando alguien se acerca demasiado?
¿Por qué necesito tener el control todo el tiempo?
¿Por qué me cuesta tanto quedarme cuando algo se pone difícil?

El amor verdadero no es el que siempre te hace sentir bien.

Es el que no te deja seguir siendo exactamente el mismo.

Por eso incomoda.

Porque crecer incomoda.
Aceptar errores incomoda.
Cambiar incomoda.

Pero también es lo único que cambia algo.

La pregunta incómoda entonces no es si estás enamorado.

La pregunta es otra.

¿Estás en una relación que te hace crecer?
¿O en una relación donde nadie dice demasiado…
para no incomodarse?

Porque a veces lo que llamamos amor
es solo miedo a quedarse solo.

Otras Noticias