Viajó desde La Rioja por una oferta laboral y denuncia que fue estafado: vive en una carpa en Buenos Aires
...
Fotografías, videos y datos personales forman parte de la huella digital de muchos niños desde sus primeros años de vida. Aunque compartir esos momentos suele ser una práctica familiar, la exposición puede afectar su intimidad y generar riesgos para su seguridad digital.
¿Cuántas fotografías de nuestra infancia existen en internet? Para algunos, ninguna. Para otros, cientos, incluso antes de haber aprendido a pronunciar sus primeras palabras.
Cumpleaños, primeros días de clases, vacaciones y escenas familiares se convierten diariamente en publicaciones en las redes sociales. Esta práctica, conocida como sharenting, abre un debate sobre los límites de la exposición infantil y el derecho de niños y niñas a preservar su privacidad.
El término surge de la combinación de las palabras inglesas share (compartir) y parenting (crianza), y hace referencia a la publicación de imágenes, videos e información sobre los hijos por parte de sus padres o adultos responsables en plataformas digitales.
Aunque muchas de estas publicaciones buscan compartir recuerdos con familiares y amigos, la difusión de contenido personal puede tener consecuencias que no siempre se consideran antes de publicar. Una imagen puede circular fuera del entorno original, ser reproducida por terceros o permanecer disponible durante años.
Una práctica extendida desde los primeros años
La exposición digital comienza, en muchos casos, durante la primera infancia, cuando los niños todavía no pueden decidir qué información quieren compartir sobre sí mismos.
Según la encuesta Sharenting: Privacidad infantil y convivencia familiar en la era digital, elaborada por Kaspersky, el 75 % de los más de 200 padres y madres encuestados publica contenido relacionado con sus hijos en internet.
Entre los motivos para hacerlo, el 48,5 % señaló que busca compartir momentos familiares con amigos y seres queridos. Por su parte, el 32,1 % publica para conservar recuerdos de etapas importantes, mientras que el 12,5 % lo hace para mantener la cercanía con familiares que viven lejos.
Los resultados también muestran que la publicación de imágenes se concentra en edades tempranas. El 38,1 % de los contenidos analizados corresponde a niños de entre 3 y 7 años, mientras que el 27,2 % se vincula con el período comprendido entre el nacimiento y los 3 años. En conjunto, ambas etapas representan el 65,3 % de los contenidos compartidos, según los datos del relevamiento.
Las cifras reflejan una práctica que suele estar asociada al afecto y al deseo de conservar recuerdos. Sin embargo, también plantean una pregunta: ¿qué sucede cuando la historia digital de un niño comienza a construirse antes de que pueda expresar su opinión?
La privacidad infantil, en el centro del debate
Uno de los principales cuestionamientos al sharenting es la construcción de una identidad digital sin que los propios niños puedan decidir qué aspectos de su vida quieren hacer públicos. Sus padres pueden compartir parte de su historia sin que ellos comprendan el alcance de esas publicaciones o hayan expresado su consentimiento.
El estudio de Kaspersky señala que el 55,5 % de los encuestados comparte fotografías en las que el rostro del menor puede verse con claridad. En cambio, el 44,5 % intenta ocultarlo mediante otros ángulos, pixelado o herramientas de edición.
Estos datos ponen de manifiesto una diferencia en las formas de abordar la exposición infantil. Aunque algunas familias toman medidas para proteger la identidad de sus hijos, mostrar u ocultar el rostro no es el único aspecto que importa: también deben considerarse los datos personales que acompañan las imágenes, el contexto de la publicación y quiénes pueden acceder al contenido.
Además, no todos los menores se sienten cómodos con la exposición de su intimidad. Algunos manifiestan su descontento cuando sus padres publican fotografías, videos o situaciones que consideran privadas o vergonzosas. En ocasiones, piden que una imagen sea eliminada o expresan que no quieren aparecer en las redes sociales, pero su voluntad no siempre es respetada.
Lo que para un adulto puede ser un recuerdo divertido o una muestra de orgullo familiar, para un niño puede convertirse en un motivo de incomodidad. Por eso, el debate no se limita a los peligros de internet: también involucra el respeto por las opiniones, los sentimientos y los límites de los menores.
Los riesgos de compartir información personal
La exposición también puede comprometer la seguridad digital. Las fotografías y los datos publicados pueden revelar información sobre la escuela a la que asisten los niños, los lugares que frecuentan, sus horarios o sus vínculos familiares.
A su vez, datos como las fechas de nacimiento, los nombres de familiares o los de las mascotas pueden aportar pistas que algunas personas utilicen para intentar adivinar contraseñas o responder preguntas de seguridad. Si esa información se combina con otros datos personales, puede facilitar intentos de fraude, suplantación de identidad o acceso no autorizado a cuentas.
Esto no significa que publicar una fecha de cumpleaños convierta automáticamente a una persona en víctima de un ataque informático. Sin embargo, la información difundida públicamente puede ser aprovechada en intentos de engaño o para obtener datos adicionales.
Compartir recuerdos sin vulnerar derechos
El debate sobre el sharenting no implica que todas las publicaciones familiares sean peligrosas ni que los padres deban dejar de compartir por completo sus experiencias. El desafío consiste en hacerlo de manera responsable, considerando tanto la seguridad como el bienestar de los niños.
Antes de publicar, es importante evaluar qué información se está difundiendo, quiénes podrán acceder a ella y cómo podría sentirse el menor frente a ese contenido en el futuro. También resulta fundamental escuchar sus opiniones y respetar sus pedidos cuando no desean que una imagen o una situación privada sea compartida.
En una sociedad cada vez más conectada, la posibilidad de publicar no significa que todo deba hacerse público. La infancia también merece espacios de intimidad y la oportunidad de construir una identidad digital propia.
La pregunta, entonces, no es solamente qué recuerdos quieren compartir los adultos, sino también qué derecho tienen los niños a decidir sobre su propia imagen. ¿Estamos compartiendo momentos familiares o estamos construyendo, sin su consentimiento, una historia digital que los acompañará durante años?
El secretario general del gremio en La Rioja, Darío Nieto, defendió el descanso dominical de los trabajadores mercantiles y cuestionó la falta de d...
El artista y arquitecto Javier Estrada inaugurará este viernes 23 de octubre una muestra que reúne trabajos realizados durante los últimos 15 años...
El periodista participará del conversatorio “Comunicar sin vulnerar en el ámbito judicial”, organizado por el Consejo de la Magistratura de La R...
Maná Cafetería y Panificación realizará una propuesta especial los días 29, 30 y 31 de octubre, con presentaci&o...