Aún no había amanecido en el Paraje El Pastor y el movimiento ya anunciaba la jornada histórica que se disponía a vivir la Diócesis de La Rioja. Entre el vapor del mate cocido reconfortante, el pan caliente recién elaborado y los preparativos para el locro comunitario, los equipos de logística, las fuerzas de seguridad, el Consejo Pastoral Diocesano, la Parroquia de Patquía y voluntariados de diversas instituciones ultimaban los detalles de la acogida a los peregrinos.

El clima acompañó de manera inmejorable a las más de 3.000 personas que se congregaron en el lugar del martirio. Un día despejado, con un sol radiante y una leve brisa que templó la mañana, sirvió de marco para un encuentro lleno de calor humano, fraternidad y reencuentros afectuosos entre quienes conocieron a los mártires y quienes hoy continúan su legado.

La celebración litúrgica reunió a un amplio número de concelebrantes, entre ellos alrededor de 40 sacerdotes —unos diez llegados de distintas diócesis del país— y una destacada representación del episcopado argentino.

Junto a la comunidad riojana se encontraban delegaciones de los Hogares de Cristo, Comunidades Eclesiales de Base, la Agrupación de Hijos, Familiares de Desaparecidos y miembros de la diócesis francesa de Viviers, tierra natal del beato Gabriel Longueville. Estuvieron presentes las sobrinas de monseñor Angelelli (Nancy y Miriam. En tanto que Marilé no pudo estar por cuestiones de salud y Marilé), la familia de Wenceslao Pedernera con su esposa Coca e hijas, y los tres hijos de José Luis Goyochea y Nélida Moreno. Asimismo, asistieron autoridades provinciales, senadores y diputados nacionales y provinciales, junto a medios de comunicación de distintos puntos del país.

 

La Santa Misa central estuvo presidida por monseñor Marcelo Colombo (foto), arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, quien en su homilía profundizó en la figura del Buen Pastor a la luz del Evangelio.

Monseñor Colombo definió a Angelelli como un «pastor según el corazón de Cristo», remarcando que el verdadero rol del pastor es aquel que no huye ante el peligro sino que entrega la vida por sus ovejas.

En el momento de la acción de gracias, el obispo diocesano, monseñor Dante Braida, expresó un sentido reconocimiento a las comunidades, servidores y voluntariados que hicieron posible la organización de la jornada, destacando la presencia de los familiares y delegaciones visitantes.

Simbolismo litúrgico y momentos de profunda emoción
La liturgia estuvo enriquecida por la participación activa del pueblo y gestos de alto contenido simbólico desde el inicio. La primera lectura estuvo a cargo de Miriam, sobrina de monseñor Angelelli, mientras que la aclamación del Aleluya se ejecutó a través de una copla con caja cuyo ritmo recordaba el latir del corazón, intercalando fragmentos grabados de la voz del propio obispo mártir.

 

En el momento de las ofrendas, Nancy, también sobrina de Angelelli, entregó en manos de monseñor Colombo el cáliz y la patena que pertenecieron al obispo. A su vez, la familia Pedernera ofreció el pan y el vino para la consagración, las Comunidades Eclesiales de Base acercaron tierra fértil, la comunidad palotina de San Patricio hizo entrega de una bandera conmemorativa y los jóvenes de los Hogares de Cristo sumaron sus banderas y panes compartidos. Se presentó además un cuadro obsequiado por Adolfo Pérez Esquivel donde se refleja la escena del martirio.

El rito de la paz se vivió como uno de los momentos de mayor emotividad y cercanía comunitaria, donde los asistentes se buscaron entre las sillas para darse el abrazo fraterno en memoria de la propuesta de encuentro del pastor cercano a su gente.

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